Historia de una afición

    Nací en 1956. Hacía 17 meses que había muerto Albert Einstein. Y aún quedaba un año para que el Sputnik 1 fuera puesto en órbita.  

    Mi infancia transcurrió en un pueblo cercano a Sevilla: Alcalá de Guadaíra; donde, por cierto, había nacido mi muy admirado Juan Pérez Mercader.

    Eran tiempos de baja contaminación lumínica: mi calle estaba "iluminada" por bombillas de 40 watios situadas cada... ¡100 mts!

    Por ello, en aquellos entonces aún convivíamos con el cielo estrellado. Bastaba alzar la mirada nocturna para admirar un cielo profundamente oscuro, tachonado por brillantes estrellas.

 

    Mi primer encuentro con el Cosmos vino de la mano de un punto brillante que se desplazaba rápidamente por el Cielo. Atendiendo las explicaciones de mi padre, aprendí que se trataba de un satélite artificial, que era como un globo gigante de 41 metros de diámetro, y que estaba recubierto de una delgada capa de aluminio. Se trataba del satélite Echo II (1.964).

 

    A menudo, cuando caía la noche, miraba hacia arriba con la esperanza de verlo pasar. ¡Y lo acababa viendo!.

 

 Creo que entonces comencé a adquirir la "costumbre" de mirar hacia arriba. Incluso creo que se convirtió en una especie de "tic".

 

 Pero fue en 1.968 cuando comenzó mi fascinación por la Astronomía. Recuerdo que estaba en una clase de Ciencias Naturales. Y resultó que el profesor nos trajo una gran lámina, de esas que tenían listones de madera redondos para enrollarlas, del Cometa Donati. Además, la clase la dedicó a explicarnos las teorías de Laplace, y mas tarde nos enseñó un modelo a escala del Sistema Solar, hecho de madera, al que se le daba vueltas a una manivela para hacer girar los planetas alrededor del Sol.

 

 

 Ya podía considerarme definitivamente "enganchado".

 Cuando tuve oportunidad, pedí a mi padre algún libro sobre estos temas, y me regaló uno que había sido suyo en la Universidad. Estaba en francés, todo a base de dibujos a plumilla, y hablaba de... ¡ocho planetas!. Pero despertó aún más mi fascinación.

 El año 1.969 fue "el año de la Luna". Recuerdo haber pasado noches y noches observando nuestro satélite con los prismáticos, entusiasmado con la idea de que unos seres humanos iban a pisar su superficie. Aquel año leí en la prensa, por vez primera, la "noticia" de que un gran meteorito podía colisionar con la Tierra causando enormes catástrofes.

 La noche del 20 de Julio de 1.969 no hubiera podido dormir. Tampoco es que quisiera. Como tantos otros, permanecí fiel ante la pantalla del televisor (blanco y negro, de válvulas), enteramente cautivado por la imagen que tenía ante mí:

 

 

Neil Armstrong y su "pequeño paso"

 

 

 Mientras tanto, proseguía buscando libros en los que saciar mis ansias de conocimiento astronómico. Alguno, como el que figura a la izquierda (Astronomía, de José Comas Solá, Ed. Ramón Sopena, Barcelona 1.939) me fueron regalados; otros, como  el Camille Flammarion, fueron conseguidos en ferias de libros de ocasión. El resto, en librerías.

 

 

  Ya era hora de adquirir un telescopio. Pero no era fácil. Todo lo que podía encontrar por aquí eran pequeños refractores azimutales de 50 mm., por unas 5000 ptas.

  Por aquel entonces ya entendía que necesitaba una montura ecuatorial, y mayores aperturas si quería ver algo de Cielo Profundo. Necesitaba un reflector.

  Entonces no existía la Internet, ni revistas de Astronomía que me pudiesen ayudar en el intento. Así que acabé encontrando en Barcelona (a base de correo postal, guías telefónicas etc.) una casa de Exportación-Importación que ofrecía un telescopio reflector con montura ecuatorial.

  Tras muchos avatares acabé por adquirirlo, contando con la financiación paterna sustentada en unas honrosas calificaciones en sexto de Bachillerato. Era el año 1.973.

 Se trataba de un Tasco TE 5 "Lunagrosso", reflector ecuatorial de 114 mm. de abertura y una focal de 900 mm. Recuerdo que entonces costó 12.000 pts.

 No estaba motorizado, aunque disponía de una corona en el mando AR para ello. Acabé adosándole un sistema de seguimiento, construido a partir de un reloj despertador y un motor de radio-casette con su consiguiente circuito de control de velocidad. (¡Tecnología Punta!)

 Con tal instrumental realicé mis primeras observaciones, quedando fascinado por los anillos de Saturno, los satélites de Júpiter, M 42, M 31...

 

    En el año 1.975, aproximadamente, unos amigos y yo, aficionados a la Astronomía, fundamos un Grupo de Astronomía dedicado a la observación y estudio de los Astros. Realizamos visitas culturales, como el Real Instituto y Observatorio de Marina, en San Fernando (Cádiz), así como al único planetario que entonces existía por aquí, el perteneciente a la Escuela de Marina de Cádiz.

Boceto de nuestro "Logo". Año 1.975

 

 

 Pertrechados de tal equipación, íbamos de aquí para allá observando fenómenos, incluso convencimos a un cura para que nos dejara observar desde la torre, a medio construir, de su parroquia.

 En 1.976 se produjo una inesperada visita: el cometa C/1975 V1 "West". Se trataba de un cometa muy brillante, espectacular, así que varios miembros de la Agrupación nos desplazamos al lugar de observación (hoy Observatorio Las Cangrejeras) para intentar fotografiarlo. Lo hicimos con una cámara bastante modesta, en "piggy back", con nuestro querido Tasco.

 (El de los pantalones acampanados soy yo; el que observa por el foco Newton es mi amigo Rafael López, hoy astrofísico.)

 Y obtuvimos unas fotos que acabaron publicándose en un periódico de Sevilla: El Correo de Andalucía. Además, hicieron un reportaje sobre nosotros, nuestra Agrupación y sobre la situación de la Astronomía en España. Fijaros en el error del tipógrafo y del corrector en el nombre del cometa.

Reportaje en El Correo de Andalucía. Casi todos acabaron siendo Físicos, alguno Astrofísico. Yo (a la derecha), Psicólogo Clínico.

 Tras años de inactividad, una casualidad hizo que me tropezara con mi actual telescopio, que adquirí a bajo precio (debido a un error en El Corte Inglés). Poco tiempo después, estaba claro que necesitaba habilitar un lugar estable para las observaciones; o sea, un Observatorio.

Celestron HD 150

Mi Observatorio

 

 La última incorporación es un refractor Meade ETX 70 AT (LidlScopio), que utilizo en mis salidas vacacionales y demás.

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